Dice Eikhah – אֵיכָה Lamentaciones- 3: 23 “Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”. Dios nos da la oportunidad de comenzar de nuevo cada día y esto debería de ser un motivo de regocijo para todos nosotros, que Dios creó de manera inherente en el mundo físico, en la tierra en que vivimos un milagro: La renovación o regeneración.

¿Sabían que el cuerpo humano se reemplaza a sí mismo completamente en un ciclo cada 7 a 10 años? Es decir, Dios ideó el cuerpo humano para regenerarse a sí mismo cada cierto tiempo. Actualmente se sabe que algunas partes del cuerpo se regeneran con mayor rapidez que otras. La piel, por ejemplo, al ser la capa protectora más externa del cuerpo, experimenta gran desgaste, por lo que se regenera cada dos a tres semanas. El hígado, al desintoxicar el cuerpo, debe regenerarse en un período que va de 150 a 500 días. El estómago y los intestinos se renuevan cada cinco días, mientras que el proceso de los huesos tarda 10 años. Dijo Luis Pasteur una célebre frase: “un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él” o como diría Anton Zeilinger, físico cuántico: “Algunas de las cosas que descubrimos en la ciencia son tan impresionantes que he elegido creer”.

Esta semana la porción es acerca de Sheminí (octavo) Atzeret (Asamblea). El estrés he descubierto que nos hace vulnerables a no pensar claramente, vibrar al nivel correcto y ha cansarnos, al punto de querer desaparecer, no saber de nada, ni de nadie y tirar todo por la basura. Admiro a personas que logran manejar su vida de manera equilibrada sin perder su gozo y paz, supongo que debieron pasar por las mismas penas que estoy pasando para crecer. Mi conclusión ha sido que el estrés proviene de la falta de Bitajón en el Creador, de saber que Él se encarga de manejar el mundo y no soy yo quién lo hace. Cuando entiendo que Dios maneja el mundo, me asombro cada vez más de la paz que esto deposita en mí, sabiendo que actuar correctamente (acorde a lo que la Torá nos enseña) es el camino para salir adelante.

Venimos de una semana llena de alegría celebrando Sucot en la que recordamos nuestra vulnerabilidad y nuestra humanidad, nuestra pasantía por la vida, la cual no es mala en un sentido general, sino una realidad. Pero también recordamos acerca de la grandeza que tenemos a un Dios que recuerda de dónde nos formó, es decir, del polvo, y que sea su deseo habitar entre nosotros es una bendición. Una simple pregunta, ¿por qué limpia su casa? ¿no es para sacar el polvo de ella? Ahora imaginémonos a Dios, Dios no barre el polvo de su casa, desea que el polvo entre a su casa, ¿no es para estar contentos?

Recuerdo al rabino Jonhson mencionar que Sheminí, octavo, en gematría es lo sobrenatural, porque 7 es equivalente a la naturaleza, 7 días de la semana, 7 días de creación, etc. Es cuando se completa la plenitud de las cosas, se cierran o sellan los pactos. Luego, Atzeret viene de la raíz Otzer que equivale a Tesoro, de hecho, la palabra diccionario en hebreo se dice otzar milim – אוֹצַר מִילִּים – (tesoro de palabras). Atzeret – עֲצֶרֶת, Asamblea, es una reunión de personas, es decir, la unión de una comunidad. Este tiempo es preciado ante los ojos de Hashem, cuando nos reunimos, y debe ser un tesoro este momento comunitario entre todos nosotros.

Así que al unir la palabras Sheminí Atzeret celebramos un tesoro sobrenatural, es decir, no comprensible lógicamente, ¿cómo es posible que personas tan diversas puedan convivir en armonía? Recuerdo al rabino Johnson mencionar en las clases del día martes cómo se asombraba de que en una pequeña comunidad se hablaban si no mal recuerdo 16 idiomas diferentes, con costumbres diferentes y aun así, era UNA comunidad. ¿no es esto sobrenatural por encima de la lógica?

¿Qué es lo preciado? Un balance entre la individualidad, la comunidad y hacia lo etéreo: Dios. Balance, porque al reconocer nuestra individualidad, nuestra diferencia respecto al prójimo, y al saber apreciarnos, podemos determinar cuál es nuestro rol. No necesariamente todos hemos sido creados para ser astronautas o grandes físicos, y ello no implica que somos menos valiosos como seres humanos, pero estoy casi seguro de que puede pedirle a un astronauta que sobreviva en la jungla amazónica 7 días, y seguramente no podrá cuando un nativo sí lo haría. Uno no es mejor que otro, somos seres humanos únicos y excepcionales.

Luego el balance comunitario, necesitamos practicar la Torá con el prójimo, y para ello necesitamos de una comunidad, para darnos cuenta de que en comunidad nos fortalecemos, nos apoyamos, crecemos y sobre todo la palabra como “texto” se convierte en movimiento, en vida. El judaísmo Biblico a diferencia de otras creencias no cree en el ascetismo o en monasterios, que piensan que la santidad -no crecimiento- se logra de manera individual, aislando al hombre de su comunidad, Dios nos creó como seres sociales, ¿acaso no leemos en Bereshit: “no es bueno que el hombre -como especie- este solo?” como dice Yojanán, ¿cómo amaremos a Dios a quién no vemos si no amamos al vecino a quién vemos? (1 Yojanán 4:20) Y el balance hacia Dios, porque cuando nos apreciamos individualmente y en comunidad, elevamos el Nombre Divino, como dice Tehilim 149:4 “Porque el Señor se goza en su pueblo”.

En la porción que leemos en Devarim, hay ciertas frases que repite la Torá que quisiera resaltar:

Presentarse ante Dios en el lugar que Él escogiere. (capitulo 14: 23, 24,25; 15:20; 16:2,6,7,11,15,16)

Esta ubicación, como característica interesante es el lugar dónde Dios ha decidido hacer habitar allí su Nombre. (14:23, 16:2,6)

Dios se manifiesta en la comunidad, tal y como leemos en la Haftará en la presentación del templo, fue una gran Asamblea que atestiguó la Gloria de Dios, así como en Sinaí se manifestó delante de toda la congregación para entregar las tablas del pacto.

Todos somos conscientes que no podemos “encasillar” a Dios a nuestros pensamientos, de hecho, como dijo Salomón ni los cielos ni la tierra te pueden contener, así que nuestra petición debería ser: “Eterno, escoge mi casa, mi persona, mi familia….. para que habites conmigo” .

Mañana celebramos Simja Torá, ¿es la Torá universal o sólo es para Israel? Es una pregunta profunda con una respuesta ambigua: sí y no. Sí, en el sentido que contiene muchas verdades para que cualquier ser humano se llegue a desarrollar plenamente; No, en el sentido que es un libro de pacto, que tiene un costo (no económico sino de obediencia) y en este sentido, es un libro que es para aquel que lo merece, quien ha decidido seguir sus Palabras.

Simjat Tora es una tradición rabínica no es toraica, que representa un ciclo del comenzar de nuevo la lectura, pero tratando de profundizar y crecer más en cada ciclo de lectura, como dijo el Rabino Johnson podemos leer 10 o 20 años el mismo pasaje, pero un día, descubrimos algo nuevo que impacta y provoca cambios en nosotros. En el mismo día leemos Vezot Haberajá e inmediatamente iniciamos con Bereshit, esto nos da la idea nuevamente como la renovación del cuerpo, el mismo cuerpo, con células y órganos nuevos, que Dios es un Dios del comenzar de nuevo.

Jag Sameaj, Shabbat Shalom!