En la Parashá Shemini encontramos el relato de la consagración del Tabernáculo, la muerte de Nadav y Abihu, y las leyes dietéticas de kashrut. 

En las parashiot anteriores vivimos la construcción del Mishkán. Recibimos todas las instrucciones acerca de los sacrificios y las tareas de los cohanim y los leviim. Los cohanim (Aarón y sus cuatro hijos) tuvieron 7 días de entrenamiento intensivo antes de la inauguración del Tabernáculo, en los cuales Moisés les enseñó cuáles eran las tareas que debían realizar allí. Hoy el parashá nos habla acerca de lo que pasó el octavo día. 

En el octavo día de la dedicación del Mishkán, Aarón y sus hijos y toda la congregación de Israel traen varios Korbanot, como ordenó Moisés. Es el momento de que Aarón comience a ejercer su oficio de sacerdote. El simbolismo del “octavo día” lo encontramos en el hecho de que Hashem creó los Cielos y la Tierra en seis días y al séptimo descansó. Al octavo día comenzó la “obra creadora” del hombre. El Tabernáculo era un universo en miniatura creado por seres humanos. D-s creó la Tierra como hogar para la humanidad, los israelitas en el desierto crearon el Tabernáculo como hogar simbólico de D-s. Por eso, el octavo día se constituye en el gran momento en el que el Creador confía su trabajo creativo al pueblo al que ha tomado como socio del pacto.

La Torá es el manual de instrucciones del mundo que D-s creó. Estamos viviendo tiempos donde lo místico y los instantes de gratificación espiritual han reemplazado la verdadera relación con el Boré Olam. El incidente de Nadab y Abihu, narrado en este parashá, nos advierte acerca de esto. El ” fuego extraño” (Esh Zará) no puede conectarnos con el Creador, simplemente porque ” no es lo que el ordenó”. Sólo cuando hacemos Su Voluntad podemos “acercarnos” a él. A diferencia de su padre, los hijos de Aarón, Nadab y Abihu padecían de una dosis excesiva de orgullo. Según el talmud, su error fue anticipar la muerte de Moisés y Aarón para heredar el mando. Se sentían demasiado seguros de sí mismos.  Mientras que Aarón utilizó las vestimentas que fueron adquiridas con la donación del pueblo, Nadab y Abihu trajeron sus utensilios personales al Mishkán, como si fuera un servicio personal y no colectivo.

Tal vez lo que la Torá desea enseñarnos es que ni la inseguridad ni la excesiva confianza hacen apto a un líder. El líder debe presentar una mezcla de ambos: humildad frente al prójimo que debe servir y, al mismo tiempo, seguridad y confianza de su cometido espiritual.

El tema de kashrut, que trata acerca de las comidas permitidas y de los alimentos prohibidos, es el motivo central de algunos capítulos de este parashá. El precepto de kashrut es uno de los preceptos conocidos como Jukim por el cual la Torá no da una explicación.  En nuestra lectura se especifican los animales cuya carne nos es permitida. En el caso de los cuadrúpedos, éstos requieren tener la pezuña partida y ser rumiantes. En el caso de los peces, se requiere que tengan aletas y escamas. Las aves de rapiña son prohibidas y las aves de corral son permitidas. También están incluídos como kasher una serie de insectos. En las palabras de la Torá, el motivo de las leyes de kashrut está ligado con la noción de santidad, es decir, el ser apartados.  La única alusión o indicio que proporciona la Torá en lo referente a las razones de todas estas regulaciones es la de que casi siempre encontramos junto con ellas, un llamado a la santidad, como es el caso por ejemplo en Levítico 11:44 donde, después de especificar lo que se puede y no se puede comer, el texto concluye así: “Porque yo soy el Señor vuestro D-s, os santificaréis y seréis santos, porque Yo soy santo”. La santidad entendida como el hecho de ser apartados o separados, no se limita a lugares y momentos pues la vida en su totalidad es sagrada. Incluso una actividad aparentemente mundana como comer es un acto divino.

 Lejos de ser legalista, pienso además que las leyes del kashrut no están alejadas del propósito de la disciplina que representa el ser separados para algo.

 La mesa sobre la cual se sirve la comida se identifica con el altar del Templo. Esto explica algunas costumbres judías como no sentarse sobre una mesa, el lavado de manos antes de la comida, echar sal sobre el pan, etc.

 La Bircat Hamazón, acción de gracias después de la comida, es otra evidencia de lo que la mesa de la comida representa para nosotros como pueblo separado para D-s. La imagen es siempre de altar y el hecho mismo de comer es como una ofrenda a D-s.

 En razón de que la mesa es santificada con bendiciones y plegarias que se pronuncian alrededor de ella y por lo que ocurre en ella, se nos enseña que incluso cuando nos sentamos a comer debemos tener conciencia del servicio a D-s. Por supuesto, esto debe ser así en todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, bendecimos al Creador cada mañana al despertarnos, también cuando nos mudamos a una casa nueva, damos gracias al recibir dinero, al nacer, etc. Nuestra existencia terrenal debe ser santificada en cada ocasión porque fuimos apartados con un propósito especial. Santificar es “abrirse a D-s” y ” permitir su acceso”. Las palabras hebreas para designar a los animales como puros e impuros son “tahor” y “tamé” los cuales no se refieren a limpieza o suciedad físicas, sino para describir un estado de existencia espiritual o moral. El término “tamé” se utiliza en relación con las deficiencias morales que contaminan el alma y el carácter del hombre.   A menudo se traduce como “contaminación” por lo que la podemos relacionar con la “idolatría”. Aunque a veces se habla de aspectos higiénicos y de salud de las leyes del kashrut, debemos pensar que todos los mandamientos del Eterno son beneficiosos para el hombre en todos los aspectos, tanto físicos como espirituales. Todo esto obedece a exigencias morales más elevadas. Por ejemplo, no comer sangre nos enseña que debemos evitar el derramamiento de sangre y el no comer leche y carne juntas nos enseña a no ser insensibles sino a ser misericordiosos con otras criaturas vivientes.

El precepto del kashrut encuentra su reflexión en diversas corrientes del judaísmo: moralistas, simbolistas, místicos, etc., probablemente, más que otros temas. Muchos tratan de dar su propia explicación al porqué de estos preceptos. Para unos son normas que permiten al hombre cuidar su salud, para otros son un medio para el hombre realizar su misión en la Tierra, otros hablan de un vínculo de recordatorio e identidad nacional. Hay quienes hablan del perfeccionamiento humano, una especie de medicina espiritual. Otros piensan en la educación, tradiciones y actos que niños y adultos pueden asimilar. Para los místicos, la importancia del kashrut radica en su efecto sobre el universo y la personalidad del hombre. En fin, lo fascinante de tratar de encontrar una explicación convincente de estas leyes, es que nos hacen formular preguntas e inquietudes que despiertan en nosotros el deseo de profundizar nuestro estudio acerca del tema. ¿Para qué preocuparse? Como siempre, pensemos que nuestro Creador quiere que seamos libres y felices. Todos sus mandamientos están dirigidos hacia nuestro bien y felicidad. El rabino Shaul dijo: ” Nadie os juzgue en comida o en bebida”. No olvidemos que los hombres vemos lo que está frente a nuestros ojos, pero el Creador ve el corazón del hombre, la intención del corazón del hombre, la kavaná, esto es, el sentimiento sincero de la mente y el corazón. La kavaná se define también como ” el lugar al cual se dirigen nuestros propósitos. A esto se refería Shaul cuando dijo: “todo lo que hagáis se de hecho o de palabra, hacerlo para Hashem”.

El requisito mínimo de la kavaná es que la mente y el corazón de la persona que cumple la mitzvá, estén dirigidos hacia los Cielos y no hacía sí mismo. Está kavaná es la que nos acerca a las bendiciones que el Boré Olam tiene para nosotros.

SHABBAT SHALOM!

Alejandro Alvarado