Emor 19 Iyar 5781

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En esta porción Emor אֱמֹר, que se podría traducir como “diles”, es una porción muy rica las cuales podríamos resumir que nos enseña acerca de las instrucciones de comportamiento para que el sumo sacerdote y los sacerdotes puedan mantenerse puros y presentarse delante de Hashem en el servicio del tabernáculo. Por otra parte, se nos instruyen acerca de las fiestas como Pesaj, Shavuot, Yom Kippur, Yom Teruah y Sucot, marcando así, el calendario anual de peregrinaciones y celebraciones del pueblo de Israel. También Dios ordena la colocación del aceite para encender la Menorá en el santuario y de la presentación de las hogazas de pan para el Eterno. Al final nos comenta la porción sobre un incidente de un joven medio egipcio y medio israelita, quien blasfema contra el Eterno, y se promulgan ciertas normas referente al asesinato, compensación por daños físicos (mutilación) y blasfemia. 

En esta porción logré captar el poder de la palabra que sale de nuestra boca o nuestras acciones, y de lo que implica “decir en nombre de…” y sobre todo el poder que tiene el “quién dice”. 

Veamos, no es lo mismo un comentario ofensivo de una persona analfabeta que el comentario de un presidente, ¿por qué? Por la influencia que ejerce sobre otros. En este caso, Dios le dice a Moisés (líder de su pueblo) “DILES”. Es decir, Moisés lleva la responsabilidad de ser un mensajero del Eterno, y esta responsabilidad le otorga un estatus, y este estatus le concede un poder que implica responsabilidad, y como es de esperarse, entre más responsabilidad más influencia, más poder y más se le demandará al líder. Por lo tanto, el líder debe cuidar su aspecto físico, moral, espiritual, de pureza y de santidad no sólo ante el Eterno, sino ante la sociedad. 

Nosotros hoy en día somos un pueblo llamado diferente (santo), apartados con un propósito, el sacerdote debía evitar contaminarse con los muertos para no caer en un estado de impureza, lo cual podríamos decir es algo visible para todos, sin embargo, también debía cuidar su pureza en su intimidad (por ejemplo, emanación de flujos), y aunque no todos supieran si estaba puro o no, debía de abstenerse de comer alimento santo, es decir, lo que estaba apartado para Dios. Esto nos da una gran lección de integridad, el sacerdote no sólo debía buscar su pureza externa, sino también su pureza interna. 

La Torá también nos instruye a que digamos a las futuras generaciones el mantener la llama viva de su judaísmo a través de la observancia de las fiestas y cumplimiento de mandamientos, y esto corresponde igualmente a los líderes, no sólo de la comunidad (ancianos y sacerdotes) sino también a los padres, a las cabezas del hogar. Si nosotros callamos y no comunicamos a la siguiente generación las instrucciones de vida, la Torá se vuelve un libro de letras muertas, y será un libro olvidado en una biblioteca que en un momento fue importante. Por ello tenemos la responsabilidad de DECIR a la siguiente generación la observancia de los mandamientos y las fiestas, a fin de transmitir a la siguiente generación los valores aprendidos de nuestros padres o por nosotros mismos. 

Por último, nos incita esta porción a QUÉ DECIR y su antagonismo, QUÉ NO DECIR. Podemos decir que es permitido comunicar todo aquello que vivifica, todo aquello que produce vida (purifica), todo aquello que nos convierte en personas diferentes (santas) y no necesariamente comunicarlo sólo con nuestra boca, sino también con nuestras acciones concretas de vida. Siguiendo esta idea, ¿acaso Dios ejecuta (mata) a alguien sólo porque maldice su Nombre? ¿acaso es menos Dios por que alguien emite con su boca palabras que no deberían de salir y hablar contra el Cielo? Dicen los rabinos que el caso de blasfemia es un caso muy particular que no debe generalizarse en todas las generaciones, de tal manera que no caigamos en el extremismo que existe o existió en varios países en donde blasfemar en contra de los estatutos de una religión particular (poniendo los dictados humanos encima del Eterno) es un delito penado por ley como blasfemia, llevando a quién habla al encarcelamiento, a sufrir mutilaciones e incluso la muerte. ¿es esto lo que Dios desea? La respuesta es obvia, NO. 

Dios estaba indicando que no podemos usurpar su Nombre como el mandamiento nos indica, No podemos usar su Nombre en vano, lo cual quiere decir, que no podemos HABLAR EN SU NOMBRE ASUNTOS QUE ÉL NO NOS HA AUTORIZADO HABLAR. En este sentido tenemos dos conceptos relacionados y opuestos: Jilul Hashem y Kidush Hashem, vaciar el Nombre Divino o santificar el Nombre Divino. 

Pero qué significa entonces, ¿elevar o minimizar el Nombre Divino? La respuesta es más sencilla de lo que aparenta: si mis acciones o palabras ELEVAN (glorifican) a Dios, lo estoy SANTIFICANDO. Si mis acciones o palabras provocan que la comunidad, sociedad, familia u otras personas SE ALEJEN de Dios a causa de MI, estoy vaciando el Nombre Divino. Para ello la Torá nos puso ejemplos bien prácticos: “dañaste un ojo, resarce el daño provocado”, “no asesines” o “si con tus palabras lanzas piedras (blasfemas), de retorno te vendrán piedras reales”. 

De acuerdo con la psicología moderna, el origen de las acciones y de las palabras verbalizadas o no, yacen en el pensamiento, por ello Rab Shaul dijo en la carta a los Filipenses 4:8 “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.”  También en Mishlei 18:21 dice: “La muerte y la vida están en poder de la lengua. Y el que la ama comerá de sus frutos” y en la carta de Efesios 4:29 dijo Rab Shaul: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”, y como igualmente dijo Rab Shaul en 2 Corintios 3:2 “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres”. 

Por lo tanto, hoy en día, nosotros estamos expuestos como en una vitrina por ser diferentes, y es lo menos que la sociedad espera de nosotros, que seamos rectos, justos, puros, santos y que busquemos al Eterno. Al ser constantemente expuestos, debemos cuidar el Nombre Divino con nuestras palabras y acciones, no debemos pretender que no ayudo al prójimo porque me impurifica como sucedió en la historia del samaritano que expuso Yeshúa, sino que debemos con nuestras acciones y palabras elevar el Nombre Divino. Como dijo Stan Lee en su comic de Spiderman: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, pues nosotros diremos: “llevar el Nombre Divino en nosotros conlleva una gran responsabilidad” ¿qué produciremos? ¿Vida o muerte? ¿pureza o impureza? ¿santidad o profanación? 

¡Shabbat Shalom!

Mauricio Quintero