Parashat Vaerá   3 Shevat 5781 por Mauricio Quintero

Mientras mis ojos recorrían en la lectura pshat (פשט‎) de la porción de esta semana “Vaerá” – וָאֵרָא- (Y apareció) en Shemot 6:2-9:35, logré visualizar cuál era el complejo trasfondo político, social, religioso y económico de la época. 

Cuando finalizamos Bereshit, nos dimos cuenta de que Paró pasa de ser un simple rey o gobernante, a ser el dueño (literalmente) de todo Egipto gracias a la mano de Yosef. Luego de la muerte de Yosef, sube al trono un nuevo Paró que emula al malvado Nimrod, convirtiéndose en un dios encarnado, viendo un patrón de comportamiento en los descendientes de los hijos de Jam: una inclinación a negar la existencia de Hashem y a suplantarlo. También podemos ver cómo el hombre se puede corromper en diferentes generaciones, no importa su época, contexto geográfico o histórico, que luego al suplir lo sus necesidades básicas busca riqueza, fama y poder para gobernar sobre otros y finaliza sus días negando al Único Dios Verdadero, el Boré Olam. Es así como vemos que los hombres con su ego que los ciega al frente de sus naciones y les sucede lo descrito en la profecía del rey de Tiro en Ezequiel 28:2 cuando escribe el profeta: “En la intimidad de tu arrogancia dijiste: ‘Yo soy un dios’…… ¡Pero tú no eres un dios, aunque te creas que lo eres! ¡Tú eres un simple mortal!…

Este “endiosamiento” lo vemos reflejado aún hoy en día, en donde hombres “usurpan” la posición de Dios, y traen desgracia y destrucción a sus pueblos, lo hemos visto en la historia: Bonaparte, Hitler, Chávez, Hirohito, y aún hoy en día vemos cómo naciones como Corea del Norte en donde literalmente adoran a sus “líderes supremos”. Así que, si en el mundo “moderno” ha sucedido que pueblos han endiosado a simples hombres con un grado supuestamente de mayor educación y conocimiento, ¿qué habrá sucedido en Egipto? La respuesta es clara, la asimilación provocó que buena parte de los hijos de Yaakov se olvidaran del Dios de sus padres y se volcaran hacia las costumbres egipcias. 

He leído sobre experimentos que científicos han realizado con ranas, hirviendo agua lentamente, mientras ellas nadan dentro de las ollas, las ranas al tener la capacidad de modificar su temperatura corporal y sanguínea siguen nadando sin percatarse del aumento de temperatura, hasta que, sin darse cuenta, terminan siendo caldo de ranas. De la misma manera, los sabios indican que el tiempo entre que Yaakov baja a Egipto y Moshé es levantado como líder es equivalente a 210 años aproximadamente, dentro de los cuales en un rango entre 86 a 110 años fueron esclavizados físicamente. Sin embargo, los sabios indican en el Talmud (Sotah 11) que el descenso de Israel fue un proceso gradual, y si leemos la porción Vayejí vemos que a diferencia de todas las otras Parashiot de la Torá, los rollos en esta porción casi no dejan espacio entre el final del parashá anterior y el comienzo de Vayejí. El Midrash pregunta, ¿por qué ese parashá está “cerrada”? Porque a la muerte de Jacob, “los ojos y el corazón de Israel se cerraron a causa del sufrimiento de la esclavitud, porque [los egipcios] comenzaron a esclavizarlos” (Bereshit Raba 96:1). Lo cual indica, que la esclavitud nació desde la asimilación, desde el mismo momento en que descendieron a Mitzraim, así hoy en día, el proceso de esclavitud nace cuando comenzamos a vivir una vida secular, alejada del Eterno, olvidando a quién rendiremos cuenta, luego esta degradación se manifiesta en lo físico. Este proceso podría compararse, por ejemplo, con una persona con cirrosis a causa de alcoholismo, vemos sus consecuencias físicas hoy en día, y podemos deducir que es alcohólico, ¿pero su alcoholismo nació realmente cuando ya tomaba demasiado? ¡No! su alcoholismo nació en su mente cuando quizá ni siquiera había probado su primera bebida alcohólica, cuando quizá tuvo problemas sin resolver y el alcohol fue un escape que descubrió para su debilidad emocional. 

Leímos en la porción de Shemot la semana pasada que Paró equivale a la negación de Dios, leímos en Shemot 5:2 “Y dijo el Faraón: ¿Quién es el Eterno para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? No conozco al Eterno, ni tampoco dejaré ir a Israel.” Luego, en una profecía contra Egipto, vemos claramente la suposición de quién el Faraón decía ser, cuando leemos Ezequiel 29:3 y 8 ” El río (Nilo) es mío, y yo lo hice” y vemos la relación del pueblo de Israel hacia el Paró (v. 6-7) “Y sabrán todos los habitantes de Egipto que yo soy el SEÑOR, porque han sido puntales de cañas para la casa de Israel. Cuando te agarraron con la mano, astillas y traspasaste todos sus hombros, y cuando se apoyaron en ti, te quebraste, e hiciste que todos sus lomos estuvieran erguidos …” Denotando que su confianza fue hacia un nuevo dios, Paró, olvidándose del Eterno. 

También leemos que el pueblo se quejaba del dolor físico, pero no se quejaban de la comodidad y las costumbres egipcias, leemos en Shemot 6:5 “Y también he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes los egipcios tienen en servidumbre, y recordé mi pacto.”. ¿de dónde sacamos esta conclusión? En ningún momento indica que oraron al Eterno y le pidieron salir de Egipto, de hecho, leemos en las 10 palabras: “Yo soy el eterno, tu D-os, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavos”, literalmente como cuando un niño es sacado por sus padres de una piscina y el niño quiere seguir dentro de ella.  Cuando leí esta porción en ningún momento observo que ellos se sentían incómodos en Egipto como nación o con sus costumbres, sino que veo una nación sin identidad quejándose del dolor físico, pero no de una falta de relación con Dios. 

Egipto era la cúspide de la ciencia, tecnología, medicina, agricultura, arquitectura, ejército, etc. Vivir en Egipto era estar en el lugar indicado materialmente hablando, aunque implicara una “estrechez espiritual” (Mitzraim) y en asimilar ideas de qué y quién es dios entre ellos, y de corromperse con las ideas paganas y prácticas inmorales de dicho lugar. Así que Dios se propuso poner fin a este sufrimiento y orgullo, por lo que dicta sus propósitos para tal liberación: 

Cumplir sus promesas, hechas a nuestros patriarcas (6:2-4). 

Parar el sufrimiento físico de su pueblo esclavizado en Egipto (6:5). 

Revelarse al mundo como el Adonay, el dueño y amo del mundo, quien está sobre las leyes físicas, (6:2) es decir, revelarse por su Nombre יְהוָה

Para Israel lo cual leemos en el Séder de Pesaj y recordamos con las cuatro copas (6:6-7): Sacarnos debajo de las cargas, rescatarnos (eliminar la esclavitud), redimirnos (eliminar los efectos o consecuencias de la esclavitud) y tomarnos como su pueblo (nueva vida, nuevo propósito de existencia). 

Demostrar a la humanidad y especialmente a los egipcios que Hashem es el Dios Verdadero – וְיָדְעוּ מִצְרַיִם כִּי- אֲנִי יְהוָה Veyad’u Mitsrayim ki-ani Adonay- “Y conocerán los egipcios que Yo soy el Eterno” ((7:5), y, por ende, demostrar que ningún hombre es dios en la tierra. 

Para ello, Dios utiliza sus señales, prodigios, hechos portentosos y milagros a través de situaciones en las que no puede intervenir el hombre, y que sólo su Mano puede realizarla, lo que reconocen los magos de Egipto como el “dedo de Dios”. Por una parte, inician las señales comiéndose a un símbolo real egipcio como la serpiente, y luego muestra cómo Él controla las diferentes “fuerzas físicas en el agua, fuego, aire, tierra”, que según leemos eran en muchos casos fueron venerados por los egipcios como dioses, y vemos en cada una de las 10 maravillas (me gusta más utilizar este término que plagas) un recordatorio a su pueblo de las 10 expresiones de la Creación, en Bereshit leemos que Dios usó la expresión: ¡“Que se haga o sea …” 10 veces! ¿Es coincidencia? No lo creo, Él está recordándole a su pueblo que Él es Señor de toda la creación, de las condiciones atmosféricas, de las personas, de los insectos, de los peces, de los ríos, etc. HaShem está dejando claro que es REY por sobre todos los reyes de la tierra, que es SEÑOR por encima de la creación y que maneja la creación y el universo en la palma de sus manos, que no comparte su Gloria con nadie. 

Esto se vuelve revolucionario porque demuestra a la humanidad: 

Dios crea el mundo (No lo hace Paró ni ningún otro hombre)

A Dios le importa lo que nos sucede (¡Deja ir a mi pueblo!), según la religión egipcia Rá no tenía comunicación con los mortales y vivía solo en el cielo, por lo tanto, los dioses no se interesaban en lo seres humanos.

Dios no esta regido por ninguna ley natural, lógica y física. No demuestra tampoco que necesita de otros para regir sobre todo lo existente, el existe en un estado continuo (presente, futuro y pasado) por el hecho de Ser. A diferencia de los egipcios, sus dioses tenían debilidades humanas y no eran todo poderosos, tenían límites y roles. 

Dios se comunica con nosotros directamente o a través de sus mensajeros, intérpretes y profetas, en este caso, Moshé y Aaron. 

Cuando los hermanos trabajan juntos en unidad, logran mucho, aunque un reino (Egipto) y una nación (Israel en Goshen) estén en su contra. En Bereshit leíamos el caso de Caín e Abel, y acá vemos otros dos hermanos Moshé y Aaron trabajando juntos. 

Por último, vemos a un Paró que, al verse vencido, reconoce que son malvados, que Dios es Dios, y que ha pecado contra Él, sin embargo, Hashem lo castiga impidiéndole hacer Teshuva (reforzando las decisiones tomadas previamente por él en su corazón). 

Hoy en día, Adonai viendo que la humanidad “prosperaba” y “había usurpado su lugar”, endiosándose, creyéndose superiores al Eterno, no reconociendo que el Bore Olam es el Único Dios en la tierra, y reavivando la acción egipcia de esclavizar a otros seres humanos, en algunos casos económicamente, oprimiéndolos en sus trabajos, y en otros casos llevando incluso a la esclavitud física, espiritual y mental, negando una y otra vez la existencia de Dios, retando a Dios con sus obras, aparece el Eterno para decirnos: ¡Ustedes no son dioses, ustedes son simple mortales! Así, el Bore Olam nos recordó y nos envío a finales del 2019 un pequeño “keter” (corona) que siendo tan pequeño nos ha dominado, para que alcemos la mirada al Cielo. Si leemos en Shemot 6:8 dice: “Y os llevaré a la tierra que la daría a nuestros patriarcas” promesa que está pendiente de cumplirse, ya que esa generación no la mereció por aceptar el mal informe de los espías, y esta es la quinta copa que no bebemos durante el Seder de Pesaj, esperando la redención final en los tiempos del mesías. 

Todavía estamos a tiempo para recapacitar, volvernos a Dios y reconocer que sólo hay un Único Dios, mi oración es que tengamos el mérito de ser como Moshé y Aaron, aunque implique estar en contra del pensamiento normalizado en el mundo, y que tengamos el mérito de salir de Mitzraim para recibir la tierra prometida en nuestros tiempos. 

¡Shabbat Shalom!